
Hay una diferencia que dice mucho sobre cómo dos países enfrentan un mismo desafío.
Israel dispone de menos recursos hídricos naturales que Chile. Sin embargo, ha construido una estrategia que hoy le permite obtener más del 70% de su agua potable mediante desalinización y reutilizar cerca del 90% de sus aguas residuales tratadas, principalmente para el riego agrícola.
En Chile, el reúso del agua aún tiene un amplio potencial de desarrollo.
No es solo una diferencia en la disponibilidad del recurso. Es una diferencia en la forma de gestionarlo.
Mientras el agua tratada se considera un recurso estratégico capaz de generar nuevo valor, en muchos procesos industriales todavía se entiende únicamente como un efluente que debe ser gestionado.
¿Qué implica esto para la industria?
→ Mayor dependencia de fuentes de agua cada vez más limitadas.
→ Mayor presión para cumplir con la normativa ambiental vigente.
→ Oportunidades de reducir costos mediante proyectos de reúso.
→ Mayor resiliencia operacional frente al estrés hídrico.
El reúso del agua no es solo una iniciativa de sostenibilidad.
Es una decisión de ingeniería que puede generar beneficios operacionales, económicos y ambientales cuando se identifican correctamente los usos alternativos que puede tener el agua dentro de una planta.
En Eficienta hemos desarrollado proyectos que han permitido a empresas industriales identificar oportunidades de reúso, reducir el consumo de fuentes externas, optimizar costos operacionales y anticiparse a las exigencias regulatorias que continúan avanzando en Chile.
Aún existen instalaciones donde se utiliza agua potable para aplicaciones que podrían abastecerse con agua reutilizada, como el riego de áreas verdes, el lavado de superficies u otros procesos que no requieren calidad de agua para consumo humano.
La pregunta ya no es únicamente cuánta agua consume una industria.
La verdadera pregunta es:
¿Cuánta del agua que hoy se descarga aún podría seguir aportando valor dentro de su operación?



